SIMPOSIO DE NUTRICION DE CULTIVOS

Conocer el suelo para nutrir cultivos optimizando recursos

El avance de la investigación orientada a nuevas tecnologías de diagnóstico de suelos para una aplicación eficiente y responsable de nutrientes fue el tema central de uno de los paneles de la segunda jornada del XXIV Congreso de Aapresid “ResiliAR”. Destacados Ingenieros agrónomos explicaron cómo la recolección de muestras y la interpretación de datos redundan en una prescripción certera y rentable. 



“Simposio de nutrición de cultivos: ¿Cómo podemos mejorar el diagnóstico de la nutrición de los cultivos en la región semiárida pampeana?” fue el título que llevó uno de los paneles que ofreció la segunda jornada del XXIV Congreso de Aapresid “ResiliAr”, con disertaciones a cargo de los ingenieros agrónomos Fernando García, Nahuel Peralta y Guillermo Beltramo. El primero de los expositores explicó a los asistentes algunos métodos de diagnóstico que lleva adelante desde la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo y que están guiados por el objetivo de establecer una ingeniería de la tierra para optimizar las aplicaciones que realizará luego el productor en la nutrición de los cultivos. Bajo esa premisa puso de relieve la importancia de recolectar datos, saberlos interpretar, y establecer un diagnóstico sobre las condiciones de fertilidad de los lotes –al que se llega con métodos tradicionales o con nuevas herramientas- para conocer cuál es la forma más apropiada de intervenir en la producción. “Es central el manejo responsable de nutrientes, por lo tanto una buena práctica agrícola es la que hace un uso eficiente de aquellos recursos que ya están en el suelo”, advirtió. En el país –según apuntó- es muy bajo el nivel de análisis de suelo que se realiza: en 2009 se realizaba un muestreo cada 250 hectáreas cultivadas, y el año pasado esa marca cayó a una cada 300. García mencionó que no someter un suelo a la recolección para su diagnóstico significa perder la oportunidad, incluso, de sacar un rédito que se traduce en pesos porque se disminuye la aplicación innecesaria de nutrientes ya que el conocimiento permite dirigirla, optimizarla. Para reforzar esa afirmación, mencionó estudios que permitieron distinguir con números concretos qué beneficios representaba aplicar o no un producto en un lote en función de las características del suelo. “Recolectar cuidadosamente la muestra, analizar el tipo de suelo, su ubicación y su rendimiento objetivo, son componentes que nos dan señales de la dosis de aplicación que necesitamos”, dijo. Al respecto, habló de la necesidad de saber manejar esa información tan vital como así también de construir y preservar bases de datos para consolidar los conocimientos. Nahuel Peralta coincidió con su colega y planteó que es común que en determinados ambientes haya un maíz que rinda 10 mil kilos mientras que en otros llega a los 13 mil y en otros apenas 7 mil. “Esas cuestiones se explican con la medición a partir de una buena caracterización de ambientes. Contamos con mucha información para cuantificar la variabilidad que existe, con lo cual el desafío es ajustar paquetes tecnológicos específicos o ajustar los tradicionales de algunas regiones”, dijo, y agregó: “Es fundamental hacer mapas de productividad por zonas de manejo que sean estables en el tiempo y ver sus variaciones. En función de los análisis del suelo que hagamos logramos una buena prescripción”. Como ejemplo citó trabajos realizados en el sudeste cordobés sobre lotes de suelos francos, y franco-arenosos, con poca capacidad de acumular agua, en los que se pudo hacer una interpretación de mapas de rendimiento en balance de fósforo. La eficiencia fue del 4,8 contra 7,9 comparando un manejo uniforme con uno por ambientes. El ingeniero sostuvo que influye mucho contar con el conocimiento de los factores que pudieran haber alterado la producción de un cultivo como así también considerar zonas dónde corrió mucha agua, por lo cual recomendó estudiar los suelos en un sentido integral  que incluya al factor tiempo como una variable a tener en cuenta. “Generar mapas para hacer prescripciones permite ver, por ejemplo, las deficiencias de nitrógeno y saber dónde hay que reforzar con aplicaciones. Eso permite generar una eficiencia en el uso de insumos que se traduce en rentabilidad por reducción de costos. Y algo que es prioritario, se reduce el impacto ambiental porque dirigimos las dosis aplicando sólo lo que se necesita”, afirmó. Como conclusión, destacó que el análisis de suelos sigue siendo probablemente el enfoque más utilizado a nivel mundial, pero otras metodologías o enfoques como nuevos indicadores de suelo y ambiente, muestreos geo-referenciados, análisis de planta, sensores remotos, modelos de simulación y requerimientos de los cultivos, aportan alternativas complementarias y/ o superadoras para mejorar diagnósticos de fertilidad. “Estos paquetes tecnológicos son un granito de arena en una agricultura sustentable”, finalizó.
A su turno, el ingeniero Guillermo Beltramo expuso los datos surgidos en base a ensayos de fertilización de larga duración llevados a cabo en forma conjunta por INTA-IPNI-ASP-y AAPRESID, hizo una diferenciación sobre los criterios de “reposición” y “Diagnóstico” de dosis promedio zonal, y analizó estas dos estrategias desde tres enfoques: la respuesta productiva, la viabilidad económica y los efectos sobre las propiedades físicas y químicas del suelo. Al referirse a las diferencias entre reposición y diagnóstico mencionó un análisis realizado en dos campos de la zona núcleo y reportó la respuesta fisicoquímica y económica del suelo. Para ese estudio se tuvo en cuenta la clase de fertilizantes usados y sus rendimientos, y para cada caso se analizó la historia agrícola, incluyendo labranzas realizadas, campañas acumuladas y rotación implementada. El resultado final, que expuso en un cuadro de análisis, arrojó un mayor ingreso por producción más capitalización en favor de la reposición por ser un método que reduce costos de fertilización. 
Al cierre de la disertación, Beltramo respondió la pregunta acerca de por qué no se realizan más análisis del suelo. “No tenemos en cuenta el tipo de información. El análisis de suelo no es magia sino un análisis de respuestas. No se trata solo de ganar más en esta inversión, sino que esto va a ser un requerimiento de la sociedad desde el punto de vista ambiental y también por parte de quienes compran la producción, porque nos van a preguntar cómo llegamos a ese producto”, dijo